Un poco de delineador negro para el alma...
Está clarísimo, mis escrituras acá son alrededor de cada diez días, lo suficiente como para sentir culpa por tener abandonado el boliche, y venir a abrirlo, a ventilarlo un poco para que no haya olor a humedad y las paredes no estén frías. Más o menos como mi vida social. Cada tanto salgo, para no sentirme una anciana que sólo estudia (o trata de juntar ganas para), toca su musiquita o escucha la ajena, hace las tareas del hogar y cuida de su perro. Cuando me arreglo, me activo, me siento bonita, y después salgo, a veces pienso "por qué no lo haré más seguido?". Es bueno para la autoestima. A veces después de tres o cuatro horas, si el programa resulta ser decadente pienso también "por qué no me quedé en casa tomando mate... o un buen merlot en amena compañía, charlando... con las patitas descalzas". Otras veces resulta más divertido y eso siempre ocurre cuando me rodeo de las personas que me hacen feliz y me recuerdan que el ping-pong de energía positiva entre la gente es como vitaminas para la llamita interior ésa de la que a veces hablo, como un supradyn para las ganas de querer y ser querida, por ésa poca gente, contada con los dedos de las manos, que sabe hacer de mí una persona completa.
¿Por qué será que a veces uno siente culpa de salirse de lo de siempre, y piensa que le ha fallado a aquellas cosas que ama y en las que cree?
¿No es, tal vez, una manera de alimentarlas? ¿de estar seguro de ellas?
¿O es miedo a uno mismo? Definitivamente, y sea lo que fuere, es algo que en lo que resta de éste 2004 pretendo erradicar de mi modus vivendi.
Y encima... los demás participantes... son unos vagos. No escriben y dejan que me descarne acá, como una boba sensiblera y cursi. "Bueno, cada uno se descarna como puede", diría mi amigo Fede, si estuviera acá en vez de en Londres (nunca pensé que la distancia y el extrañarnos podría devenir en largos lapsos sin noticias del otro, como si prefiriéramos olvidarnos y dejar atrás el tango de nuestras vidas porteñas).
Me voy a dormir... mañana me aguarda el resto de Temor y Temblor... y un pilón mas de apuntes.
Salud, dinero y amor.
¿Por qué será que a veces uno siente culpa de salirse de lo de siempre, y piensa que le ha fallado a aquellas cosas que ama y en las que cree?
¿No es, tal vez, una manera de alimentarlas? ¿de estar seguro de ellas?
¿O es miedo a uno mismo? Definitivamente, y sea lo que fuere, es algo que en lo que resta de éste 2004 pretendo erradicar de mi modus vivendi.
Y encima... los demás participantes... son unos vagos. No escriben y dejan que me descarne acá, como una boba sensiblera y cursi. "Bueno, cada uno se descarna como puede", diría mi amigo Fede, si estuviera acá en vez de en Londres (nunca pensé que la distancia y el extrañarnos podría devenir en largos lapsos sin noticias del otro, como si prefiriéramos olvidarnos y dejar atrás el tango de nuestras vidas porteñas).
Me voy a dormir... mañana me aguarda el resto de Temor y Temblor... y un pilón mas de apuntes.
Salud, dinero y amor.

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